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Esporas espaciales vol.II


Pocas veces, cuando hacen una versión cinematográfica de una novela, ésta resulta mejor que la versión impresa. En este caso, bajo mi humilde punto de vista, la película realizada el 1956 de Don Siegel, Invasion of the Body Snatchers, quiere ser tan sumamente fiel al libro que se olvida completamente del factor sorpresa; a parte de que, elementos como la voz en off o el flashback, podrían ser perfectamente prescindibles, además de que hay escenas que se han condensado tanto que pierden ritmo, dramatismo y, por último, interés.

En la película de Philip Kaufman de 1978, el argumento principal sigue intacto con pequeños matices en su desarrollo, con lo que consigue enriquecer favorablemente la historia y sus personajes. Gana en ritmo y, consecuentemente, en intriga. Para empezar, prescinde de recursos como la voz en off y el flashback de su predecesora; retoca y actualiza los nombres de los personajes al mismo tiempo que les crea otros empleos (a algunos), nuevas aficiones y los define con mayor precisión; otros personajes simplemente han desaparecido (Como Ira, Wilma o Aleda) o han mutado (Geoffrey hace un papel parecido al del padre de Becky/Elisabeth en la trama).

Ya desde un principio nos enseñan las esporas espaciales, como viajan por el espacio, aterrizan en nuestro planeta, se adaptan al medio y se reproducen. Es una introducción que en el libro no existe y que resulta útil para preparar y situar al espectador.


Vi que era el mismo rostro hermoso que conocía: los huesos prominentes y bien formados bajo la piel; los mismos ojos amables e inteligentes, un poco enrojecidos ahora; la misma boca de labios abundantes y atractivos. Su pelo era diferente, algo más corto, quizá; pero era el mismo cabello generoso, castaño o casi negro, espeso y fuerte, aunque con un aspecto naturalmente ondulado que yo no recordaba. 1

Uno de los primeros personajes que nos presentan en la película de Philip Kaufman, es a Elisabeth (conocida como Becky Driscoll en el libro y en la versión de 1956) quien, coge un ejemplar de esa extraña flor y, una vez en casa empieza a hablarle a su pareja, Geoffrey, de que puede tratarse de una nueva especie creada a partir de una polinización cruzada, la encuentra por el nombre de “Epilobic” y, gracias al breve análisis que hace de la palabra2 y la definición posterior que lee de la especie,3 conseguimos un par de pistas de por donde va a ir la historia. Da la impresión que es bióloga o que tiene amplios conocimientos en ese campo.


Mi nombre es Miles Boise Bennell, tengo veintiocho años y he ejercido la medicina en Santa Mira, California, durante algo más de un año. (…) Mido un metro ochenta, peso setenta y cinco kilos, tengo los ojos azules y el pelo negro, algo ondulado y bastante espeso, aunque la coronilla empieza ya a mostrar el inicio de una pequeña calva hereditaria. (…) Practico el golf y la natación cuando tengo oportunidad, con lo cual siempre estoy bastante bronceado.4

Conforme avanza la película van apareciendo más personajes; el siguiente, en este caso, es el turno del protagonista, Mathew Bennell (Miles Boise Bennell). Es inspector de sanidad, tiene habilidades culinarias y se dedica a recopilar recortes de prensa escrita (Afición que tiene Jack Belicec en la novela, lo hace para documentarse o inspirarse a la hora de escribir sus libros). Trabaja en el mismo departamento que Elisabeth, por lo que, ella no tiene que acudir a él expresamente para explicarle que siente que Geoffrey no es el mismo de siempre. Mathew le responde que cualquier cambio en Geoffrey resultaría una mejora; sin embargo, en el libro, es Jack el emisor de esa frase y hace referencia a sí mismo.

A veces pienso que cualquier cambio que se operase en mí sería una mejora. De hecho, tal vez el nuevo Jack sabría cómo escribir, en lugar de golpearse la cabeza contra un muro intentándolo. 5

La manera de proceder del personaje principal es la misma que tiene en el libro, sólo que, en la de Kaufman, su grado de inteligencia ha mejorado ¡Ojo! Esto no significa que su agilidad deductiva haya incrementado a la par que su inteligencia, más bien tendría la misma que la que tiene en el libro ¿En qué me baso? Sin ir más lejos, cuando decide contactar con el alcalde de la ciudad y comienza a realizar un sinfín de llamadas; todas las personas cercanas al alcalde, le disuaden de proceder de ese modo pues lo que está sucediendo lo acaban llamando “paranoia colectiva” y, seguidamente le calman diciéndole que la gente está volviendo nuevamente a la normalidad. Bajo mi punto de vista, esta forma de proceder es poco efectiva y el personaje tarda mucho en desconfiar de quienes le contestan al otro lado del teléfono. Hasta que, ¡Oh! ¡Por fín! En una de las llamadas telefónicas que realiza mucho después, justo antes de que él si quiera articule palabra, quien le contesta al otro lado del teléfono, le llama por su nombre sin que él lo haya dicho antes y. sí, Mathew (Miles) se sorprende, se indigna, ¡Pero no reacciona! ¡No actúa! Hasta que Jack le ordena que cuelgue, y, los demás, concluyen que todo es un montaje.


Es un tipo moreno, algo guapo e inquieto; tiene el aspecto de un astuto jugador de fútbol.6

A los treinta minutos de película, aparece la figura del psiquiatra: El doctor David Kibner (Manfred o Mannie Kaufman en el libro, Dan o Danny Kaufman en la película de 1956). En esta versión, sigue teniendo la misma profesión pero con un toque de celebridad; pues es un psiquiatra famoso que se dedica a vender libros, conserva parte de la estética sesentera (Por ejemplo los pantalones acampanados y el peinado) que armoniza con su discurso y su voz pausada, acompasada.

Durante sus intervenciones, elegantemente y entre líneas, nos indican que el doctor Kibner es una vaina: Mediante ironías, mediante afirmaciones inocentes siempre refiriéndose al hecho de dormir, mediante actitudes aparentemente coherentes.

Y ya, para librarnos de toda duda, nos ponen una escena en la que el Dr. Kibner, después de escuchar a Mathew, Elisabeth, Nancy y Jack hablar sobre cuerpos siendo duplicados, entra en su coche y les dice a sus acompañantes de rostro neutro "The sooner the better" (Cuanto antes, mejor). Porque aquel grupo de humanos, está cogiendo conciencia de todo lo que está sucediendo y eso juega en contra de ellos, “los invasores”.


Jack es un tipo muy serio, de rostro enjuto y cabellos prematuramente blancos. Tiene alrededor de cuarenta años, diría yo, y es un hombre inteligente y claro juicio. 7

Jack Bellicec es el único personaje que conserva intacto nombre y apellido en ambas versiones cinematográficas. Mientras que en la versión de 1978 no parece conocer a Elisabeth (Becky), en el libro y en la película de 1956, sí. Además, en la película del 78, le añaden una aversión desproporcionada para con el psiquiatra, David Kibner (Mannie/Danny Kaufman), y deducimos que es escritor o poeta por lo que comenta Nancy (Theodora) al volver de la presentación del libro de Kibner.

Men, I have some good news and some bad news for you.

La amistad entre Elisabeth y Mathew es sana e informal; y lo vemos por ejemplo, en un momento que van en coche de camino a la presentación del libro del Dr. David Kibner (Mannie/Danny Kaufman), cuando él comienza a explicar un chiste y ella le corta diciendo que ese ya lo ha contado; esto da frescura y realismo a la película y contrasta con el consiguiente dramatismo que se nos avecina. Al mismo tiempo, crea un vínculo empático entre el espectador y los personajes. Otro ejemplo, lo encontramos cuando se superponen las conversaciones, cuando se cortan entre ellos; el caos verbal que se forma confunde, puede agobiar, puede estresar, puede hacer gracia pero lo que es indiscutible es que, en la vida real, también pasa.8

Volviendo a la relación que tienen los dos personajes principales, observaremos que cambia notablemente con respecto al libro, o la película de los años 50, mientras que en estas dos últimas están divorciados, solteros y la figura de ella es mucho más dependiente de él, están en un nivel afectivo superior, por así decirlo, más cercano; en la película de 1978, son más amigos que pareja, son más compañeros que novietes.

Fingerprints burned off with acid?

El director Don Siegel (1956), emplea un par de elementos interesantes con los que podrían haber jugado un poco más. El primero es cuando se encuentran el cuerpo sobre la mesa de billar, lo observan y comprueban que no tiene huellas dactiales, al inspeccionarlo el Dr. Kaufman dice que podrían habérselas quemado. Es una justificación que en el libro ni se menciona.

El segundo elemento que si se emplea en el libro es que como solución a la invasión inminente, se plantea volver a comprobar cada individuo; hombres, mujeres y niños; aunque no se ahonda en esta premisa, más bien se abandona, y no se menciona nunca más. Lo mismo ocurre en la película de Don Siegel y en la de Philip Kaufman (1978), ya ni se lo plantean los personajes.

How do you like your eggs?

Un hecho típico y estereotipado es la representación de la mujer en la película de 1954. Somos seres histéricos, nerviosos e inestables; y, cómo no, cuando dormimos, lo hacemos maquilladas y repeinadas; además preparamos el desayuno mientras ellos esperan sentados en la mesa. Somos las primeras en aceptar la situación, sin poner resistencia alguna; somos débiles, dependientes y necesitadas de un guía. No hay momento alguno en el que un personaje femenino tome la iniciativa, exceptuando esa genial escena (nótese la ironía) en la que por narices, para salvar la situación, Becky tiene que luchar. El libro tampoco se salva de dicho sexismo, así que podemos excusar la película si tenemos en cuenta lo fieles que han sido para con el mismo.

En contraposición, el director Philip Kaufman, hace un retrato de la mujer más propio del siglo XXI: Nos muestran a mujeres independientes y trabajadoras (ninguna de las dos, ni Elisabeth ni Nancy, dependen económicamente de sus parejas), inteligentes (Elisabeth seguramente sea licenciada y, Nancy, si bien tiene un cargo de menor categoría, parece que es muy dada a la lectura), y, sobre todo, fuertes (recordemos que es Nancy quien sobrevive hasta el final sin ser una vaina, no el protagonista).

What happened to the crowd tonight?
I don't know. It's been this way for weeks.


En el libro juegan mucho con el hecho de que sea un pueblo pequeño, Santa Mira, puesto que, cuando es invadido, se nota claramente en las calles: el polvo, el desorden, la desolación, la calma, la dejadez... Don Siegel (1956) lo intenta reflejar y, nuevamente, falla en la ejecución. Se limitan a afirmarlo los personajes, el espectador no lo padece visualmente o lo alcanza a deducir por sí mismo. En cambio, Kaufman (1987), pese a localizar todos los personajes y la trama en una gran ciudad, consigue emparanoiar al espectador, y transmitir la misma angustia que sufren los personajes puesto que, aunque haya mucha gente, nos podemos sentir terriblemente solos.

- Bien, Jack, has dado con la palabra que lo define. Está intacto, inacabado, y aún espera la última impresión.9

En cuanto a las diferencias que hay entre las distintas versiones, tanto en las dos versiones cinematográficas como en la novela, también hay que tomarse su tiempo en enumerarlas, porque algunas mejoran la anterior.

En la novela de Jack Finney, el cadáver que se encuentran y donde empieza todo, yace en la casa de los Belicec, en el sótano, sobre una mesa de billar; originalmente estaba en la alacena que hay bajo las escaleras y Jack, antes de que Miles llegara, lo colocó sobre la mesa (deduzco que para poder inspeccionarlo mejor). Antes de que el protagonista pisase la casa de los Belicec, mucho antes de que bajasen al sótano o de presentarle tal hallazgo, Jack le pregunta que si existe algún procedimiento por el que Miles deba dar parte a las autoridades, como una enfermedad contagiosa, o una herida de bala, o un cadáver y, en el caso de no hacerlo, éste perdiera su licencia como médico de cabecera. No se lo asegura Miles, probablemente daría el parte a las autoridades. Bajan todos al sótano, Theodora, Jack, Becky y Miles y, sin decirles nada para no sugestionar a nadie, Jack empieza a preguntarles que qué ven, y qué deducen de lo que ven. Miles es quien extrae todas las conclusiones: Que pesa y mide igual que Jack, aunque parece incompleto, poco formado. Aconseja a Jack, que duerma y a Theodora, que cada hora compruebe el cuerpo aquel, y que, a la mínima que notase un cambio en aquel cuerpo, que le llamasen y si no, que al día siguiente llamasen a la policía.

Esta escena en particular resulta larga y, conforme va sucediendo pierde cierta tensión. Asimismo, y gracias a que Jack no dice directamente lo que piensa sobre lo que ha encontrado, deja al lector que vaya deduciéndolo de las premisas que va lanzando Miles.

En la película de 1956, la escena se hace muy densa, corta y excesivamente lenta para toda la información que nos quieren dar. Para empezar, el billar se encuentra en el salón de la casa y, el cuerpo yace sobre éste. Quien saca las conclusiones finales de los cuatro personajes, es Theodora que, con su afirmación crea tal desconcierto en Jack que éste se corta con una botella, la mano izquierda y, escasos minutos después, a la supuesta réplica que descansa sobre el billar, le aparece un corte en la misma palma. Éste peculiar detalle, es cosecha de Don Siegel, y algo que debo aplaudir. Es otra manera de decirnos lo que Theodora acaba de afirmar en voz alta.

En la película de 1978, la misma escena es contada en la mitad de tiempo que la de Don Siegel. Para empezar, Jack a penas dice una frase antes de que Mathew (Miles) proceda a ver el cuerpo, Nancy (Theodora) le corta tajantemente y le hace pasar. El cuerpo, esta vez se encuentra sobre una camilla, en el negocio que tiene Nancy que son unos baños de barro. Aquí, volviéndose fiel a libro, el director deja las deducciones a Mathew y, sin llegar a articular ninguna conclusión final, deja que el espectador haga el resto. Además, hace un guiño a su antecesora cuando a Jack le empieza a sangrar la nariz y, pocos minutos después, esto mismo le sucede al cuerpo.

What are you talking about? A space flower?

Uno de los aspectos que más he disfrutado de la película de Kaufman, es cuando los personajes empiezan a discurrir, a sacar conclusiones de qué es lo que está “atacando” a la humanidad, cómo se extiende, cómo actúa, cómo se propaga, cómo se produce la duplicación; y toman cartas en el asunto inmediatamente. Por ejemplo, Elisabeth va a analizar la flor al laboratorio.

Don't show any emotions. Hide your feelings.

Encima, va un paso más allá con respecto a la película de los años 50 y la novela, donde recordemos, se nos advierte que para que no te detecten como humano, no hay que mostrar emoción alguna. Pues bien, aquí vemos como Nancy (Theodora) ha conseguido engañarles y se ha infiltrado entre ellos, proceder que copian Mathew y Elisabeth.

I'll go down there. I'll be right back. Stay here.

El perro nunca apareció en el libro; lo incluyó Don Siegel en su película del 1956, y vuelve a cobrar vida en la nueva versión de Kaufman, volviendo a poner en apuros a nuestros protagonistas. Lo mismo sucede con la escena en la que Becky/ Elisabeth se tuerce el pie y el posterior abandono que sufre, y la consiguiente transformación.

He can't stay awake for ever.

Poco minutos faltan para que acabe la película: No vemos cómo sucede la transformación de Mathew, ni cuando; le vemos con ropa distinta, ahora ya no huye, no se esconde, ni se camufla entre ellos, se dedica a recortar periódicos como hacía en su anterior vida y cuando Nancy (Theodora) (quien sí consigue sobrevivir y pasar desapercibida entre ellos) se reencuentra con él, éste emite un chillido, propio de las vainas, delatándola. Entendemos que el final, en este caso en concreto, para la humanidad no es tan bonito como en las versiones anteriores.

Con respecto al final de su antecesora, debido a que estaba siendo tan fiel al libro, mis expectativas eran realmente bajas, y, cual fue mi sorpresa al ver que me equivocaba pues resultó ser diferente; aunque, con la misma carga positiva: La humanidad sale airosa, victoriosa y como si nada hubiese ocurrido.

That not my wife!

La justificación de la duplicación siempre es la misma: Primeramente se culpa al individuo (“¿No será que tú quieres verlo así?”), y, acto seguido, a la sociedad (“mass hysteria”). Resulta curioso que en nuestra sociedad pase exactamente lo mismo, porque cuando tienes un problema, sea del tipo que sea, es tuyo únicamente, lo has provocado tú; tú eres su creador y su poseedor a la vez, y. por consiguiente, quien debe resolverlo; sin embargo y aunque esto se extrapole a más de un individuo, parece que la cosa sigue igual. Nunca el problema es del sistema, del entorno, de las circunstancias.

En el libro se ha sobredimensionado la escena en donde Miles y Becky se enfrentan al psiquiatra y sus compañeros en su despacho10; aquí, el doctor Mannie Kaufman y el profesor L. Bernard Budlong, dan un sinfín de argumentos sobre esta invasión silenciosa, llegando a hacer extremadamente aburridas susodichas páginas, para acabar diciendo que las esporas que viajan por el espacio son y actúan como un parásito, se sirven de seres vivos, flora y fauna, para propagarse y, en cinco años, extinguirse. Por eso, no pueden tener hijos como los humanos.11 Casi al final, comparan la tierra con la luna, donde un planeta es el presente, el otro representaría, el futuro. Lo que se puede deducir de ahí es que el futuro que le espera al planeta tierra, no es muy prometedor.

La moraleja que podemos extraer de estas tres versiones, al margen de la manera en la que lo ha transmitido cada autor, es que vemos una invasión cuando es la raza humana la invadida, sin embargo, no vemos la invasión que la humanidad es en sí; agotando los recursos del planeta, acabando con la flora y fauna del planeta sin lamentaciones, sin piedad y sin fin.



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1 Jack Finney, Invasión los ladrones de cuerpos, (España: Bibliópolis, 2007), p. 9.
2 Epi: sobre. Lobic: vaina. Desarrollarse o reproducirse mediante vainas.
3 La definición que lee Elisabeth sobre la especie llamada Epilobic, es: Muchas especies son peligrosas y no deben cultivarse.
4 Jack Finney, Invasión los ladrones de cuerpos, (España: Bibliópolis, 2007), p. 12.
5 Ibid., p. 74.
6 Ibid., p. 24.
7 Ibid., p. 28.
8 Ibid., p. 19, p. 49.
9 Ibid., p. 40.
10 Ibid., p. 161-178 (17 páginas dura la escena)
11 Ibid, p. 176.
relaxing

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Thinking

Esporas espaciales vol. I


Es la primera vez que un libro me dura tan poco entre mis manos, pues día y medio he tardado en leérmelo. Estoy hablando de Invasión, los ladrones de cuerpos1 de Jack Finney que, no es que fuera apasionante su lectura, es que venía de verme la película realizada en 19782 y claro, quería ver las similitudes y diferencias para con la misma, sin embargo este punto lo analizaré en otra entrada, la propia de la película. Ahora, paso a explicaros a grandes rasgos de qué va el libro.

Nos presentan a un médico de cabecera, Miles Boise Bennell, divorciado;
a Becky Driscoll, amiga de Miles, divorciada;
a Wilma;
a Ira, el tío de Wilma, que según ella, no es el mismo;
a Aleda, la tía de Wilma, que según ella, tampoco es la misma;

Miles, esa mirada, ese brillo de nostalgia que había en sus ojos se ha esfumado. Este... Este tío Ira, o quienquiera que sea... Sea lo que sea, me hace tener la sensación, el absoluto convencimiento, Miles, de que habla de memoria.

Los tíos de Wilma, no resultan ser los mismos repite ella incesantemente.
Bennell no domina ese área, así que le consigue una cita con el psiquiatra Kaufman.

Pero ¿Cómo saber si te reemplazan por otra persona si ésta es idéntica en talla, peso, altura, facciones y acciones? ¿Cómo encontrar las palabras para describirlo? ¿Y cómo tener la certeza de que esa persona no es la misma? Por todos es sabido que lo que define a un individuo como tal es su pasado, sus vivencias, su personalidad, su actitud, sus traumas y problemas, su entorno y su relación con el prójimo, sus gestos y silencios, sus aficiones y vicios, sus habilidades. sus conocimientos e ignorancia.

Nos presentan a los Belicec, Jack y Theodora;
a Manfred Kaufman, al que Miles llama Mannie, psiquiatra.

Cinco pacientes que pasan por la consulta de Bennell, son remitidos a Kaufman, debido a que tienen el mismo delirio, o autosugestión, o histeria, o las mismas ilusiones ópticas que padece Wilma.

Un cuerpo yace sobre una mesa de billar con los ojos abiertos, es encontrado por los Belicec.
Sin cicatrices, sin cortes, sin un hueso roto.
Es el cuerpo de un adulto pero parece vago, poco formado.
Sin arrugas, sin detalles, sin rasgos.
Sin huellas digitales, sin causa de la muerte porque nunca murió.

¡Es como un rostro en blanco, a la espera del molde que acuñe sus facciones!

Miles, Jack y Theodora fueron testigos de algo que se ha desvanecido. Ya no existe, es polvo, es una masa espesa de pelusa gris.
Manfred Kaufman siembra la duda sobre ellos. Es posible que sea un delirio colectivo, que se desvanezca igual que ha llegado, no tiene mayor importancia, estas cosas, pasan.
Y los cinco pacientes remitidos al psiquiatra, ahora están mucho mejor y se disculpan por su comportamiento. Wilma está mucho mejor y, también, se disculpa por su actitud.

Lo mejor de todo es cómo el autor trata susodicha invasión, porque no es un colectivo extraterrestre al que la humanidad se enfrente, pueda detectar y erradicar o tratar; sino que, como bien dice en la novela, son parásitos que se nutren de la raza humana para sobrevivir y, por ese mero hecho, puedes llegar a dudar de cualquier personaje que se te cruce. Puede ser tu vecino, el panadero de tu barrio o incluso ¡Tus amigos más cercanos o tus padres! Igualmente, hay que admitir que el ritmo narrativo no está a la altura de la trama, el autor se pierde en detalles que son perfectamente prescindibles y, en cambio, olvida profundizar en otros aspectos, como en uno de los personajes principales, Becky Driscoll de la que no sabemos prácticamente nada (Salvo que vive con su padre, está divorciada y es amiga del protagonista). He echado en falta un poco de astucia por parte del personaje principal, a parte de que no me puedo creer que, casi llegando al final de la novela, todavía dude de si uno de los personajes con los que interacciona, es humano o no. Por no mencionar el mismísimo final: Si esperas uno trágico, sigue esperándolo, si esperas uno apocalíptico, vete olvidando pero si, por el contrario, buscas uno mediocre, sigue leyéndotelo y luego, hablamos.



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1 El título en inglés es The body snatchers, es decir, Los ladrones de cuerpos. Lo más seguro es que en la edición que yo me he leído, del 2007, usasen el mismo título que la película para que resultara más comercial.
2 La invasión de los ultracuerpos, o en inglés, Invasion of the body snatchers, de Phillip Kaufman.
Thinking

Loving youtube subtitles



I wonder how Nimoy carries 'it' everywhere he goes, or even if he's capable of actually carrying 'it'. It's a shame (yeah, this is my nasty self writing) this was a long time ago, those two weeks have passed and now, we never find out if this was true or not.
(Oh yeah, this is one of the reasons I keep using the subtitles from youtube, it gives you a laugh from time to time).


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"Para mí fue único porque nunca tuve una mamada que fuera conmigo durante dos semanas"

Me pregunto si Nimoy 'la' lleva dondequiera que vaya, o si es capaz de si quiera 'llevarla'. Es una pena (sí, esta es mi parte guarrilla escribiendo) que esto fuese hace tanto tiempo, esas dos semanas han pasado y ahora, nunca sabremos si esto era cierto o no.
(Pues sí, esta es una de las razones por las que sigo utilizando los subtitulos de youtube, te proporcionan unas risas de vez en cuando).